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Cultura preventiva

Foto realizada por Burcin TuncerPasados más de diez años desde la aprobación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales propongo lanzar una pregunta al aire: ¿Existe una verdadera cultura preventiva en las empresas o simplemente una visión generalista de la prevención de riesgos como una imposición legal?

La experiencia no solamente nos dice que la figura del técnico de prevención no tiene el reconocimiento suficiente en el ámbito de la pequeña y mediana empresa, sino que además se asocia al rol de "vigilante".

Son muchos los estudios que han demostrado que las grandes multinacionales han sido históricamente las empresas que más han invertido en materia de prevención de riesgos laborales, reportándoles importantes beneficios. Además se ha demostrado que los costes directos e indirectos provocados por la siniestralidad en una empresa afectan, desde al propio trabajador accidentado, hasta la sociedad en general. Buena parte de esta carga recae sobre el empresario y puede llegar a provocar la desaparición de la propia empresa. ¿Por qué? Éstas son algunas de las posibles respuestas:

  • El trabajador accidentado asume unos costes tanto humanos (sufrimiento físico y psíquico) como económicos (disminución de ingresos, gastos en medicinas, etc.).

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  • Indirectamente, los accidentes originan unos costes para la sociedad (muertes, minusvalías, indemnizaciones de la seguridad social, etc.).

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  • Por supuesto, un accidente de trabajo, afecta a la empresa (pérdida de recursos humanos, nuevas contrataciones, formación de nuevos trabajadores, primas de seguros, salarios perdidos, reparaciones, deterioro de la imagen de la empresa, sanciones administrativas, recargo de prestaciones de la Seguridad Social, abono de prestaciones y responsabilidades penales).

En empresas donde se invierte en prevención, el empresario ahorra al no incurrir en todos los costes citados anteriormente; ve reducido es absentismo, algo que conlleva un aumento de la productividad y una mejora en la calidad de los productos y servicios, así como del clima laboral.

En el ámbito de los trabajadores, todavía se encuentran casos en los que éstos adoptan una posición reacia hacia los técnicos de prevención, ya que los ven como personas que pretenden explorar todas las áreas de la empresa para encontrar riesgos donde no los hay. Todo ello para justificar su sueldo.

Diariamente escuchamos frases como "este tipo de accidente / enfermedad es normal en este trabajo" o vemos como algunos trabajadores prefieren cobrar un plus de penosidad para ciertos trabajos en los que se está expuesto a condiciones insalubres a buscar soluciones para evitar dichas exposiciones. Esta práctica de poner precio a la salud del trabajador es totalmente incompatible con la idea de cultura preventiva que la citada Ley de Prevención de Riesgos Laborales pretende difundir.

Para no caer en este tópico, es necesario que empresarios y trabajadores eliminen la idea de la prevención de riesgos laborales como imposición, y pasen a verla como un eje fundamental para mejora de su calidad de vida, productividad, etc., ya que el cumplimiento formal y burocrático de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales puede quedarse en papel mojado.

Por lo tanto, para ganar la lucha a la siniestralidad es necesario crear verdaderas costumbres preventivas de trabajo, implantando una firme cultura de la prevención en las empresas, con una implicación y concienciación de todos los niveles jerárquicos de la misma (desde la dirección a los trabajadores). Para ello debemos recurrir a la formación, consulta y participación efectivas, donde cada miembro de la organización sea el eslabón que forma una cadena comunicativa sin fisuras.

Fran Carrasco
Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales de MRA
www.mraprevention.com